De la higuerilla al biodiésel: estudiantes cordobeses logran un rendimiento del 95% y son finalistas de Escuelas Sustentables
- Alumnos del IPEM N.º 183 «Pedro B. Palacios» investigan el potencial de la Jatropha macrocarpa, una planta nativa de zonas áridas de Córdoba, como fuente de biocombustible. Ya cultivan la especie, extraen su aceite y elaboran biodiésel. Ahora van por el siguiente desafío: probarlo en un motor.
En las zonas áridas y semiáridas de Córdoba crece, sin que nadie la cultive, una planta que un grupo de estudiantes decidió mirar con otros ojos. Se llama Jatropha macrocarpa, se la conoce como higuerilla o piñón, y de sus semillas puede obtenerse un aceite con el que ya produjeron biodiésel.
El proyecto, titulado Biodiésel: Energía renovable – Futuro sustentable, es obra de estudiantes del IPEM N.º 183 «Pedro B. Palacios«, acompañados por su referente, Randolfo Velázquez. Lo presentaron en la tercera edición del Concurso Escuelas Sustentables, donde quedaron como finalistas.
Del campo al laboratorio
El equipo recorrió todo el proceso: recolectó la planta, la cultivó de manera experimental, extrajo el aceite, elaboró el biodiésel y analizó sus propiedades físico-químicas.
Para la extracción probaron dos caminos. El primero fue una prensa hidráulica en el laboratorio de la escuela. El segundo, una extracción continua con isopropanol realizada en el Instituto de Ciencias Químicas de la Facultad de Agronomía y Agroindustrias de la Universidad Nacional de Santiago del Estero. Con este último método lograron un mayor rendimiento.
Con el aceite obtenido produjeron el biodiésel y estudiaron sus características junto a especialistas de AG Energy – Viluco S.A. y de la universidad santiagueña.
Los resultados
Según el informe del proyecto, algunos parámetros del biocombustible alcanzaron los valores recomendados por las normas internacionales ASTM, tomadas como referencia. Además, el proceso de conversión tuvo un rendimiento cercano al 95% respecto del aceite utilizado.
Qué aporta la iniciativa
Los estudiantes destacan que el trabajo permite:
- Investigar nuevas fuentes renovables de energía
- Dar valor a una especie adaptada a zonas áridas y semiáridas
- Reducir el impacto asociado al uso de combustibles fósiles
- Generar conocimiento local sobre biocombustibles
- Aprovechar los subproductos del proceso
Lo que viene
El proyecto ya salió del laboratorio escolar: hubo ensayos con especialistas y se montó una parcela experimental de cultivo, con instancias reales de investigación y vínculo con profesionales.
El próximo paso es probar el biodiésel en un motor diésel, para profundizar los análisis de calidad y evaluar el proceso a mayor escala. La apuesta es conectar recursos locales, conocimiento científico y producción de combustibles alternativos, una solución energética pensada desde la escuela y con margen para seguir creciendo.
