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La 10 Córdoba

¿Sabías que en Córdoba existió el fusilamiento?

Hace 4 h · Redactor R10
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Resulta difícil de imaginar hoy, pero durante buena parte del siglo XIX Córdoba todavía se regía en ciertas cuestiones normativas por las leyes españolas, que contemplaban la pena de muerte. Bajo ese marco, se realizaban fusilamientos públicos en pleno corazón de lo que hoy es la ciudad.

El escenario de estas ejecuciones era la esquina de Boulevard San Juan y Cañada, exactamente donde hoy se ubica la plazoleta Carlos Gardel, el busto de Gabino de Saiza y el histórico muro de la Cañada. Ese tramo de calicanto, de unos 20 metros y construido por los jesuitas en 1641, era el lugar donde los condenados enfrentaban el pelotón de fusilamiento. Una placa en el sitio recuerda hoy su origen colonial, aunque pocos transeúntes conocen su otro capítulo histórico.

La última ejecución registrada en ese paredón tuvo lugar el 29 de abril de 1872, a las 11.20 de la mañana. El condenado fue Zenón La Rosa, sentenciado a muerte por haber asesinado de una puñalada a su pareja, Rosario Ortiz, en diciembre de 1870.

Aquella mañana, un sacerdote se dirigió hasta la prisión —ubicada en el edificio donde hoy funciona un shopping céntrico— para acompañar al reo en sus últimos momentos. De allí partió una procesión encabezada por el pelotón de fusilamiento, seguida por el alguacil, un notario encargado de labrar el acta, el sacerdote y, por último, el condenado.

La Rosa caminaba con las manos atadas, vestido con una túnica blanca con una cruz roja en el pecho y encapuchado. La tensión del momento fue tal que se desmayó antes de llegar al lugar de la ejecución, por lo que debió recorrer los últimos metros en una carretilla.

Al llegar al calicanto, una multitud ya esperaba el desenlace. El fusilamiento era, en la época, un verdadero acontecimiento público: se registraba la presencia de vendedores ambulantes de empanadas y bebidas a lo largo de las márgenes de la Cañada.

Tras recibir la extrema unción y ser sentado contra el muro, el pelotón dio la orden final —»atención, firmes, fuego»— y disparó. Como era habitual, el jefe del pelotón se acercó luego para propinar el tiro de gracia y confirmar la muerte del condenado.

Zenón La Rosa fue sepultado en el entonces llamado cementerio público, que más adelante pasaría a ser el cementerio San Jerónimo. El acta correspondiente fue labrada en la Catedral por el cura párroco Jerónimo Clavero, quien dejó asentado que el fusilado tenía alrededor de 43 años.

Hoy, en ese mismo lugar por donde miles de cordobeses circulan a diario, casi nadie imagina que allí se escribió uno de los capítulos más oscuros —y menos conocidos— de la historia judicial de la ciudad.

Fotos de pagina de Facebook: Córdoba de Antaños

Audio: Federico Sylvester «En tiempo real»

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