Super RIGI: el plan de Milei para crear industrias que Argentina todavía no tiene, con inversiones mínimas de USD 1.000 millones
- Apunta a sectores como el litio, el hidrógeno verde, la inteligencia artificial y los reactores nucleares, con Ganancias al 15%, exención de retenciones desde el primer día y estabilidad normativa garantizada por tres décadas.
El gobierno de Javier Milei presentó ante el Congreso uno de sus proyectos económicos más ambiciosos: el Super RIGI, formalmente denominado Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones en Nuevas Industrias. La iniciativa, firmada por el presidente Milei, el jefe de Gabinete Manuel Adorni y el ministro de Economía Luis Caputo, eleva significativamente los beneficios del RIGI original aprobado en 2024 y los reserva exclusivamente para sectores productivos que hoy directamente no existen en el país o se encuentran en fase experimental. El umbral mínimo de ingreso es de USD 1.000 millones por proyecto, con la obligación de ejecutar al menos el 20% de esa cifra durante los primeros dos años.
El corazón del esquema es un paquete combinado de incentivos tributarios, aduaneros, cambiarios y regulatorios. En materia impositiva, la alícuota del Impuesto a las Ganancias se fija en 15% para los proyectos adheridos —frente al 25% del RIGI original y al 35% del régimen general—, y los dividendos tributan al 3,5% a partir del cuarto año de adhesión. Se permite además una amortización acelerada del 60% de la inversión en el primer ejercicio, lo que mejora drásticamente el flujo de caja en proyectos de capital intensivo.
Cero retenciones, divisas libres y 30 años de estabilidad
El Super RIGI otorga exención total de derechos de exportación desde el primer día de operaciones, a diferencia del RIGI original donde esa exención recién opera a partir del tercer año. En materia aduanera, también elimina todos los aranceles de importación para bienes necesarios durante la fase de puesta en marcha, incluyendo insumos intermedios que el régimen anterior no cubría. En cuanto al acceso a divisas, las empresas podrán disponer libremente del 20% de sus exportaciones desde el primer año, del 40% desde el segundo y del 100% a partir del tercero, una condición considerada innegociable por los grandes fondos internacionales al momento de evaluar destinos de inversión. Toda la arquitectura de beneficios queda blindada por una garantía de estabilidad normativa en materia tributaria, aduanera, de seguridad social y cambiaria por 30 años desde la fecha de adhesión de cada proyecto.
Las industrias del futuro que apuntan a transformar la matriz productiva
El listado de sectores elegibles refleja las prioridades de la economía global del siglo XXI: cadena de valor del litio y manufactura de baterías, hidrógeno verde y tecnologías de bajas emisiones, GNL onshore, reactores nucleares pequeños y medianos (SMR), producción de paneles solares y turbinas eólicas, vehículos 100% eléctricos, nuevos petroquímicos, industria aeroespacial, cadena del uranio, biotecnología avanzada, inteligencia artificial, semiconductores e infraestructura digital estratégica. El objetivo explícito del Ejecutivo es transformar a Argentina de exportador de materias primas en polo regional de manufactura tecnológica de alta complejidad.
Críticas y preguntas abiertas
El proyecto no está exento de cuestionamientos. Sectores de la oposición señalan que el esquema es un «traje a medida» para grandes corporaciones internacionales y tecnológicas de Silicon Valley, sin exigencias ambientales específicas ni obligaciones de contratación de trabajo local. Analistas del sector advierten además que el RIGI original, pese a haber captado anuncios por cerca de USD 81.000 millones, solo tiene 15 proyectos aprobados al momento y más del 95% de las adhesiones se concentran en minería. Un especialista en derecho tributario consultado en el debate público sintetizó el dilema: «Argentina intenta compensar su mega riesgo histórico con regímenes especiales, a la espera de una reforma estructural más profunda.»
