Crisis: El Alfajor. El nuevo almuerzo de los trabajadores
- Ernesto Acuña, vicepresidente de la Unión de Kioskos de la República Argentina (UKRA), habló en Radio 10 y trazó un panorama alarmante del sector: caída de ventas de hasta un 50%, gente que reemplaza el almuerzo por un alfajor y comercios que sobreviven a fuerza de promociones para no bajar la persiana.
El drama económico que atraviesa buena parte de los argentinos se refleja hoy en la góndola de los kioscos de barrio. Así lo describió Ernesto Acuña, vicepresidente de la Unión de Kioskos de la República Argentina (UKRA), quien en diálogo con Radio 10 aseguró que «estamos viviendo una catástrofe social y económica, una recesión que en 28 años de quiosquero no la vi nunca». El comerciante llegó a compararla con la crisis de 2001, aunque remarcó una diferencia clave: «la gente no tiene un peso, y eso hace que no entre a nuestros negocios».
Uno de los datos más llamativos que dejó la entrevista fue el del reemplazo del almuerzo por un alfajor. Según explicó Acuña, esto no ocurre de manera literal —«no es que la gente desayuna, almuerza y merienda un alfajor»—, sino que responde a un cambio de hábito más profundo: el fin del menú ejecutivo como opción de mediodía. En su lugar, muchos clientes optan por dos empanadas de mil pesos o un pancho, alternativas más económicas para «cortar» a la hora del almuerzo.
Frente a este escenario, los kiosqueros se vieron obligados a resignar rentabilidad para sostener algo de movimiento en sus locales. «El alfajor es uno de los ganchos que tengo en el local. Es uno de los productos donde resigno ganancia para tratar de tener venta, porque si no, no vendo nada», explicó Acuña, quien detalló combos como tres alfajores comunes por mil pesos o tres triples por cinco mil. Sin esas promociones, aseguró, la venta directamente «está parada, está muerta».

La inflación real que golpea al sector, según el comerciante, duplica o hasta cuadruplica los números que informa el INDEC mes a mes, un desfasaje que los quiosqueros no pueden trasladar a los precios sin perder aún más clientes. A esto se suma otro fenómeno silencioso: la desaparición de la venta de caramelos como «vuelto«, producto del avance de los pagos con aplicaciones y tarjetas, que ya representan la mitad de las transacciones y siguen en ascenso.
El diagnóstico final de Acuña resume la magnitud del ajuste: en los barrios de clase media, como en el que él trabaja, la facturación cayó un 50% respecto a hace tres años. Pero la situación es aún más crítica en el conurbano, donde hay colegas que venden apenas un 30% de lo que facturaban en el mismo período, con casos de comercios al borde del cierre. «Es una bestialidad», sentenció el vicepresidente de UKRA, en una entrevista que retrató, desde el mostrador de los kioscos, el impacto cotidiano de la crisis económica argentina.
