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Ni Una Menos a 11 años: por qué nació el movimiento, qué pasó con Agostina Vega y qué significa el 3J en 2026

Hace 10 h · Santiago Carrizo
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  • El femicidio de una adolescente de 14 años en Córdoba vuelve a sacudir a la sociedad argentina en vísperas de la 11.ª Marcha Ni Una Menos. Once años después del grito que cambió la agenda pública, las cifras siguen siendo inaceptables: más de 3.000 mujeres asesinadas desde 2015.

El 11 de mayo de 2015, la periodista y actriz Marcela Ojeda publicó un tuit que se convertiría en el punto de partida de uno de los movimientos feministas más importantes de América Latina: «Actrices, políticas, artistas, empresarias, referentes sociales… mujeres, todas, ¿no vamos a levantar la voz? Nos están matando». La chispa que encendió esa publicación fue el femicidio de Chiara Páez, una adolescente de 14 años asesinada por su novio en la localidad santafesina de Rufino. El caso generó una conmoción sin precedentes y, en pocas semanas, la indignación colectiva tomó forma de consigna: Ni Una Menos. El 3 de junio de 2015, entre 200.000 y 300.000 personas salieron a las calles en más de 80 ciudades del país y la Plaza de los Dos Congresos se llenó de pancartas violetas. Nació así un movimiento que transformó para siempre la manera en que Argentina habla de la violencia contra las mujeres.

Chiara Páez.
Chiara Páez, la adolescente embarazada de 14 años cuyo brutal asesinato dio origen al movimiento contra la violencia machista

Desde ese primer grito, el 3J se instaló en el calendario como una fecha de memoria y reclamo. El movimiento logró poner en el centro del debate público la palabra «femicidio», impulsó políticas de género, forzó al Estado a crear registros oficiales de crímenes machistas y extendió su influencia a toda América Latina y España. Sin embargo, once años después, la lucha dista de estar terminada. Según el Observatorio de Femicidios «Adriana Marisel Zambrano» de La Casa del Encuentro, entre el 3 de junio de 2015 y el 27 de mayo de 2026 se registraron 3.424 víctimas fatales por violencia de género en Argentina, con un promedio que se mantuvo en un femicidio cada 30 horas. Como dato que golpea fuerte: 3.840 hijos e hijas quedaron sin madre como consecuencia de esos crímenes.

Agostina Vega: el caso que marcó este 3J

El 3J de 2026 llega atravesado por un crimen que estremece a toda la provincia y al país: el femicidio de Agostina Vega, una adolescente de 14 años desaparecida el 23 de mayo en el barrio General Mosconi de la ciudad de Córdoba. Agostina fue hallada sin vida una semana después en un descampado del sur de la capital provincial. Los resultados preliminares de la autopsia determinaron que Agostina murió por asfixia y que habría sido víctima de abuso sexual. El único detenido e imputado es Claudio Barrelier, un hombre de 33 años con antecedentes penales previos: ya había estado detenido en 2025 por privación ilegítima de la libertad y fue liberado bajo fianza. El caso expuso además fallas en la respuesta institucional: el Alerta Sofía, herramienta clave para niñas y niños desaparecidos, recién fue activada el miércoles 27, cuatro días después de la denuncia de la familia.

La muerte de Agostina tiene un eco doloroso e inevitable con los orígenes del movimiento. Chiara Páez, la adolescente cuyo femicidio encendió la primera marcha en 2015, también tenía 14 años. Once años después, otro crimen con el mismo perfil de víctima vuelve a conmocionar al país en los mismos días previos al 3 de junio. Desde MuMaLá, la vocera nacional Victoria Aguirre fue contundente: liberar a un agresor con denuncias previas por intento de femicidio es, en sus propias palabras, «firmar una sentencia de muerte anticipada». El caso de Agostina se convirtió en el símbolo más doloroso y urgente de esta nueva marcha y amplificó la convocatoria en todo el país. Desde la CTA confirmaron que la movilización «se amplifica en urgencia frente a la conmoción colectiva generada por el femicidio de Agostina Vega en Córdoba».

Encontraron sin vida a Agostina Vega – Página|12

El impacto del movimiento Ni Una Menos en la sociedad argentina es innegable, aunque sus propias impulsoras reconocen que aún hay mucho por conquistar. En once años, el movimiento logró que la palabra femicidio dejara de ser un tecnicismo jurídico para convertirse en un concepto de uso cotidiano; que el Estado creara protocolos, registros y políticas públicas que antes no existían; y que miles de mujeres perdieran el miedo a denunciar. Pero también reconoce sus límites: las estadísticas no bajan, los agresores con antecedentes siguen siendo liberados, y el desmantelamiento de áreas de género en distintos niveles del Estado suma preocupación en 2026. Por eso, este 3 de junio, bajo la consigna «Vivas y libres nos queremos», Córdoba y el resto del país vuelven a las calles. No como un ritual, sino como una urgencia.

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