Una cruz procesional de más de un siglo, guardada por las monjas dominicas de Córdoba, encabezará la procesión de la misa del Papa
- La pieza dorada, conservada en el Monasterio Santa Catalina de Siena, fue elegida por su valor artístico, histórico y espiritual para acompañar la celebración presidida por León XIV. Junto a ella, otros objetos del convento, como unas vinajeras de San Juan Pablo II y un cáliz vinculado al cura Brochero, estarán presentes en el altar.
Una pieza religiosa que durante más de un siglo formó parte de las principales ceremonias de un convento de Córdoba tendrá un lugar destacado en la celebración presidida por el Papa. Se trata de una cruz procesional dorada, conservada por las hermanas del Monasterio Santa Catalina de Siena, seleccionada por su valor artístico, histórico y espiritual.
La elección estuvo a cargo del padre Pablo Márquez y de Javier Verdenelli, responsables de coordinar los elementos litúrgicos de la ceremonia. Durante una visita al monasterio conocieron la cruz y consideraron que reunía las condiciones para acompañar la procesión. «Visitándolas a las hermanas, vimos que conservaban esta pieza bonita, cuidada, digna, que nos pareció ser la indicada», explicó Márquez.
Una cruz con historia y una particularidad
El origen de la cruz se ubica entre fines del siglo XIX y principios del XX, aunque no se conoce con precisión la fecha ni el lugar de adquisición. Lo que sí se sabe es que acompañó durante generaciones a la comunidad dominica en celebraciones como la festividad de Santa Catalina, la Pascua y las profesiones solemnes.
Su diseño tiene, además, un rasgo singular: la imagen de Cristo está orientada hacia quienes siguen la procesión, a diferencia de lo que ocurre habitualmente con este tipo de elementos.
Para las religiosas, que llevan una vida de clausura dedicada a la oración, la elección es una oportunidad especial de participar de un acontecimiento de enorme significado. «Es un regalo muy grande. Es un modo también de nosotras estar presentes», expresó sor Mercedes, integrante del monasterio, quien agregó que los conventos no solo tienen la misión de rezar, sino también la de recordar a la comunidad el sentido espiritual de la vida.
Vinajeras de San Juan Pablo II y un cáliz ligado a Brochero
Además de la cruz, otros objetos conservados en el monasterio serán utilizados durante la celebración. Mientras acondicionaban las piezas, las hermanas descubrieron que unas vinajeras tenían grabados que las identificaban como las usadas por San Juan Pablo II durante su visita a la Argentina en 1980.
También identificaron un antiguo cáliz con las iniciales JM, perteneciente a Janis, compañero de seminario y amigo del cura Brochero, que llegó a ser obispo de Santiago del Estero. Este cáliz también estará presente en el altar.
