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¿Qué hay detrás de la teoría viral de los «chemtrails» siembra de nubes?

18/08/2026 · Redactor R10
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Cientos de videos que muestran aviones dejando estelas blancas en el cielo, seguidos horas más tarde por jornadas nubladas inundaron las redes sociales. La conclusión que proponen esos videos es siempre la misma: habría un plan deliberado, ejecutado con aviones que rocían sustancias químicas, para privar a la población de la luz solar.

No existe evidencia científica de los llamados «chemtrails» y la comunidad científica descarta esta teoría conspirativa desde hace años. Lo que se observa en el cielo son estelas de condensación (contrails, en inglés), que se forman por el paso de un avión cuando se dan determinadas condiciones de temperatura y humedad, producto de la combustión de los motores.

Según explica la ciencia atmosférica, los cristales de hielo de distintos tamaños dentro de una estela descienden a diferentes velocidades, lo que la extiende verticalmente, y la diferencia de vientos entre altitudes hace que se disperse horizontalmente. Cuando el tráfico aéreo es intenso, esas estelas pueden fusionarse y cubrir buena parte del cielo durante horas, lo que explica por qué después de ver «rayas» se termina nublando: no hay causalidad oculta, hay física atmosférica y mucho tráfico aéreo.

Es real, pero no tiene el propósito que le atribuyen los videos virales. La siembra de nubes (cloud seeding) es una técnica de modificación artificial del tiempo que se usa desde mediados del siglo XX —incluyendo, efectivamente, antecedentes militares como los que Estados Unidos reconoció sobre la guerra de Vietnam— pero en su uso civil actual se aplica de forma puntual y localizada, típicamente para intentar inducir precipitaciones en zonas con sequía o para mitigar granizo en regiones agrícolas, no para generar nubosidad continental ni para «tapar el sol» de un país entero. No existe registro ni evidencia de un programa de este tipo aplicado sobre el territorio argentino con ese fin.

Distinto es el caso del Servicio Meteorológico Nacional (SMN), que atraviesa una reestructuración profunda y verificable. El Gobierno nacional avanzó este año con el Decreto 274/2026, que modificó el esquema de financiamiento del organismo y habilitó que el servicio meteorológico para la navegación aérea pueda prestarse a través de terceros. La medida busca un ahorro estimado en más de 3.500 millones de pesos anuales, producto de la reducción de contratos y la reorganización operativa, que el Gobierno plantea reinvertir en estaciones meteorológicas automáticas.

El proceso generó fuerte rechazo gremial y científico: 140 personas fueron desvinculadas del organismo en abril, la mayoría con contratos temporarios, y la reducción de personal provocó que más de la mitad de las estaciones meteorológicas del país dejaran de realizar observaciones nocturnas. El Centro Argentino de Meteorólogos calificó la situación como una amenaza a la seguridad nacional y pública por el desmantelamiento de capacidades técnicas críticas.

Este conflicto —real, documentado y con consecuencias concretas sobre la calidad de los pronósticos— es un tema completamente distinto al de los «chemtrails«. No hay ningún elemento que vincule la reestructuración presupuestaria del SMN con un supuesto plan para «aislar a la población del sol»; se trata de dos cuestiones que las redes sociales combinan sin base para reforzar la narrativa conspirativa.

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