El único ciclo de crecimiento pleno de Argentina coincidió con el único período sin el FMI
- En casi 70 años de relación con el organismo, la etapa 2006-2018 —cuando Argentina canceló su deuda y se desvinculó de las auditorías del FMI— fue la que mostró de forma más sostenida crecimiento del empleo, consumo y mejora de indicadores sociales, según un repaso histórico de los 22 acuerdos firmados hasta la fecha.
Argentina ingresó formalmente al FMI en septiembre de 1956, durante el gobierno de facto de Pedro Eugenio Aramburu. Dos años después, el 4 de diciembre de 1958, bajo la presidencia de Arturo Frondizi, se concretó el primer préstamo mediante un acuerdo Stand-By. Desde entonces y hasta hoy, el país firmó 22 acuerdos con el organismo, consolidándose como uno de sus clientes más recurrentes y, actualmente, su principal deudor a nivel global.

Ajuste como constante, con una sola excepción
Un repaso por las distintas etapas de esa relación muestra un patrón que se repite: cada vez que Argentina acudió al FMI, el organismo exigió recortar el gasto público, devaluar la moneda, congelar salarios o subir tarifas para contener la inflación y garantizar el pago de la deuda. Entre las décadas de 1960 y 1980, esos planes frenaban la devaluación por lapsos breves, pero casi siempre terminaban en caída del consumo, pérdida del poder adquisitivo y descontento social.

Durante los años 90, con la Convertibilidad, Argentina aplicó al pie de la letra las reformas del FMI: privatizaciones, apertura comercial y desregulación. Hubo inflación cero y modernización de infraestructura, pero también desempleo récord, caída de la industria nacional y un endeudamiento que resultó insostenible. El desenlace fue el colapso de 2001, cuando el FMI retiró el auxilio financiero y el país atravesó la peor crisis económica, social y política de su historia reciente.
El único tramo sin el Fondo, el único con mejora sostenida
La excepción a ese patrón se dio entre 2006 y 2018. En enero de 2006, Néstor Kirchner canceló en un solo pago toda la deuda pendiente con el organismo —unos 9.800 millones de dólares— para desvincularse de sus auditorías y condicionalidades. En los años siguientes, coincidiendo también con el boom internacional de precios de materias primas como la soja, se registraron altos niveles de consumo, crecimiento del empleo y mejora en los indicadores sociales.
Los analistas debaten hasta hoy si ese bienestar respondió a la salida del Fondo, al contexto global favorable, o a una combinación de ambos factores. Lo que no está en discusión es que se trató del único período prolongado de la historia reciente argentina, sin programas ni metas del FMI, que no terminó en ajuste, devaluación abrupta o crisis social.
El regreso y el fin del paréntesis
En 2018, bajo la presidencia de Mauricio Macri, Argentina solicitó el préstamo más grande en la historia del organismo: 57.000 millones de dólares aprobados. El acuerdo no logró estabilizar la economía y estuvo acompañado por devaluaciones severas, un salto inflacionario y un deterioro sostenido de los ingresos de la población, cerrando así el único paréntesis sin la tutela directa del Fondo.
Pero la historia de endeudamiento no termino con Mauricio Macri, cuando asumió la presidencia Javier Milei, su gobierno cerró un nuevo programa por un monto total de 20.000 millones de dólares. En total el nuevo gobierno lleva liquidados 15.800 millones por parte del FMI.

Lo cierto es que hasta el momento y en cada momento de la historia, los argentinos no vemos el beneficio, mucho menos la regalías o el sobrante que supone el «estar bajo el yugo del FMI», todo lo contrario, la historia no has demostrado que cada vez que el Fondo pone el pie en nuestro país sobrevienen hambrunas, perdida de empleo y de poder adquisitivo, mientras los gobiernos de turno hacen sus negociados con las tierras públicas y las empresas de todos los argentinos, siempre bajo la promesa de un futuro mejor que nunca llega.
